FÚTBOL FORMATIVO (2011-2019) · Una idea del Prof. Juan Pablo Pochettino. Con tecnología de Blogger.

Cuando el fútbol te pone a prueba

Quedar en Inferiores, se sabe, es una tarea incluso más difícil que romperla en Primera. En las pruebas de jugadores -numerosas, caóticas e injustas- se quedan varios proyectos de cracks. Y de personas. En esta nota dos personajes describen el mundo de las pruebas de ambos lados del mostrador. Ariel Borzillo, DT de la Séptima de Huracán, reconoce todas las injusticias del sistema. Santiago Fernández, volante de Ferro, cuenta cómo encontró un atajo en el reality show Camino a la Gloria para abrirse un camino en el fútbol. Interesante nota publicada en Junio de 2011 en Nos Digital.

“Bueno, chicos, muchas gracias. Los vamos a llamar la semana que viene.” Los días pasan, los teléfonos no suenan, los sueños se desmigajan y las personas se ignoran. Probarse y quedar en las Inferiores de un equipo del fútbol argentino, a veces, se vuelve más difícil que jugar, brillar y llegar a la Primera. El sistema está roto: no funciona desde lo futbolístico y basurea el costado humano. Como en estas cuestiones los protagonistas, más que nada sus experiencias, son los que juegan, están ellos para contar cómo se maneja el sistema de prueba de jugadores. Por un lado, el que observa, el técnico, que propone, y muy pocas veces dispone a la hora de querer cambiar algo. Él es Ariel Borzillo, DT de la Septima de Huracán. Cuenta sus experiencias probando chicos y las cosas que llegó a ver y a sufrir en pruebas de hasta cien jugadores. Por el otro lado, el que corre, el jugador que es observado y que sufre, en muchos casos, lo hueco de una estructura futbolística que se derrumba sobre toda historia de vida. Es Santiago Fernández, el 8 titular de Ferro, que luego de participar en un reality show televisivo (Camino a la Gloria, en 2004) logró que le dieran pelota en Caballito y así lograr el sueño del pibe, quedar en un club y llegar a Primera.

Ariel Borzillo asume que una de sus principales tareas como entrenador de inferiores es “probar jugadores”, por eso describe esos cástings con lujo de detalle: “Las pruebas se realizan según la estructura del campeonato, según la apertura del libro de pases, es decir, en diciembre, enero y febrero. Masivamente vienen pibes de todos lados. Se dividen por edad, por categoría. A veces vienen todos juntos, otras veces en diferentes días. Eso depende del club. Yo pruebo treinta minutos a todos los que vengan. Hay veces que son 100, días que son 30. Lo único que dispone el club es el día y el horario, después vienen todos los pibes que quieran. A medida que van llegando inscriben en una planilla sus datos y el puesto. Hacés equipos, según los puestos, y jugás los partidos. Si vienen 100 serán tres o cuatro horas viendo jugadores. Me fijo en lo que me va a hacer falta, primariamente. Busco lo que el técnico de inferiores anterior me dijo que le falta al equipo: si es un 2 busco un 2, si es un 9, un 9. Pero, si viene uno muy bueno de otro puesto lo voy a dejar. De cada prueba hago un selectivo, esos juegan contra otro selectivo que quedó de otro día de prueba, y de esos sale un tercer equipo que juega contra el equipo de inferiores. Tenés que ir pasando etapas. De los 100 que vienen, dejo quince, que juegan con los quince de la otra prueba. De ahí sacas a once que van a jugar contra los muchachos del club. De esos queda los que juegan en el puesto que vos necesitas, o los que la rompen. Según mi experiencia, de los 100 que vienen, quedan 3, a lo sumo 5, si la categoría anterior no le fue bien y necesita varios puestos. Es un nivel de competitividad extremadamente alto, porque en esos 30 minutos me tengo que limitar solamente a lo técnico. No se puede ver nada más. Lo intelectual no se puede evaluar en una primera prueba”.

Los fugaces 30 minutos, en los que se juegan cien maravillosos sueños, evidencian una crueldad absoluta. Borzillo lo nota: “La parte humana de la prueba es triste. Vos ves mucha ilusión en esas 100 historias y al final, a casi todos, le tenés que decir ‘gracias, no es lo que necesitamos’”. Hay historias diferentes, de todos los matices, que hablan de una pasión que hermana hasta a los más alejados: “En una prueba te encontrás de todo lo que te imagines. De pibes que vienen con armas, otros que andan solos, chicos cuyas madres dejan todo para darles de comer. Otros chicos de clase social más acomodada. Otros que vienen a robar, es decir, se anotan, pero vienen a aprovechar la oportunidad en donde están todos los bolsos juntos”. Ariel admite las dificultades que tiene el sistema: “Si a la edad de la séptima categoría (15 años), todavía no fuiste fichado en algún club, es casi imposible que puedas ser futbolista. Porque además de que la competencia es muy exigente, existen los acomodos. Son cosas que suceden, sin dudas. Empresarios que coaccionan de cualquier manera para dejarte a un pibe. La otra clase de acomodo es que venga una orden de arriba, del presidente del club, Babington (mandamás de Huracán) me dice que se tiene que quedar, y yo lo tengo que dejar. El técnico no puede hacer nada, yo tengo dos jugadores que llegaron de esa manera. Se quedan porque dijo el presidente, cuanto más pregunte, más me involucro, los tengo que dejar. El sistema está corrupto desde un montón de lugares. Desde la tranza de jugadores, a que no te importe nada del pibe: que no estudie, no se cuide, no coma, no se prepare. Porque si estoy arreglado, va a tener que jugar de cualquier manera el acomodado. Hay pibes que vienen desde lejos todos los putos días y no juegan, juega el que falta, el indisciplinado, el que no estudia. Más ahora, que hay que sacar resultados en inferiores. Es una masacre el campeonato que se organizó, te obliga a sacar resultados, a ganar… ¡en inferiores! Se eligen referís para una séptima categoría, para ganar, es vergonzoso. Ahí se pierde todo identificación. El pibe a esa edad tiene que estudiar, estar en la casa, construirse socialmente. Pero, si estás arreglado, te importa tres pelotas.” Por último Ariel cuenta las miserias del fútbol que lo rodean: “Ofrecimientos tengo todos los días, pero no voy a ir contra mi estructura moral por arreglar a algún jugador, que encima lo van a cagar a ese pibe, porque a los 20 no va andar bien y lo van a dejar tirado en la calle, sin familia, sin estudios, sin nada. Yo como técnico asumo que el sistema es cruel. Hay chanchuyos y crueldades a patadas: gente que la prueban cinco minutos, lo ven caminar y ya lo echan”.

La otra campana suena en sintonía, retratando momentos parecidos, propios del mismo fútbol. Quizás, haya una diferencia: Santiago Fernández ya está jugando en Primera. Lo logró. Pero él es consciente que además de su esfuerzo, constancia y habilidad tuvo una ayuda extra, que es lo hizo un “privilegiado”: “La experiencia del reality fue increíble y excepcional. Fue un trampolín. Me ayudo a saltar muchas barreras que tiene el fútbol. Me hice un pequeño nombre. Hacer una prueba en Inferiores es complicadísimo, cada uno se quiere mostrar, nadie se la pasa a nadie. Yo hice la prueba en Ferro como todo el mundo, pero sabiendo que me conocían del programa. Gracias a Dios quedé. Cada uno se mata por estar y son muy pocos los que quedan, y menos los que llegan”. El reality del que habla Santiago es “Camino a la Gloria”, programa televisivo del 2002, que probó a 12.000 chicos, de los cuales solo a uno le darían la posibilidad de probarse durante unas semanas en el Real Madrid. Santiago salió segundo de esos 12.000 y la promesa para los finalistas del show había sido pruebas en diferentes equipos grandes de Argentina, como esa promesa se incumplió, Santiago logró una puebra en Ferro, la jugó y quedó.

Ya desde adentro de un club, más tranquilo, con el sueño empezado, vio sufrir a muchos compañeros y a chicos que se probaban jugando contra el mismo: “Es muy complicado, la competencia es terrible. Tiene que cambiar el sistema, es difícil para alguien que está con nervios irse a probar. Además cada vez que te rebotan es peor. Quizás ir mechando, hacerlos ir diferentes días, jugar con diferentes equipos, integrarlos. Habría que cambiarlo, pero no soy yo quién tiene que decidirlo. Hay que cambiar porque desde la parte humana es muy frío, no les dan bola, a veces miran para otro lado. Te rompe la bolas, levantarte temprano ir con toda la ilusión y que ni te miren: por lo menos mirame y decime si sirvo o no. Cada uno esta ahí por un sueño, sería importante que no se olvide. Tampoco habría ilusionar tanto a los pibes. A veces los hacen ir reiterados días sabiendo que no van a quedar. Lo terminás perjudicando. También me tocó jugar, como fichado, contra los que se venían a probar. No sirve de nada, yo los veía y son once pibes que no se la tocan entre ellos, empiezan a pegar, a meter, cada uno buscando su beneficio y así no funciona. Hay que modificarlo. Además el DT prefiere quedarse con alguien que ya conoce, por más que el nuevo, con trabajo, juegue mejor. A medida que pasan los años se vuelve más imposible, es frustrante”.

Si bien está claro que el lado humano se subordina completamente a la cuestión futbolística, es difícil de entender, entonces, porque el sistema de pruebas fracasa rotundamente desde lo deportivo. Santiago lo interpreta: “Todos los días se escuchan historias de cracks que no quedaron en clubes, porque no les gustó al flaco que lo vio ese día. Desde lo futbolístico falla. Y quizás ese crack se desilusiona por ese rechazo y no se prueba más en ningún lado y, por culpa de este sistema, el fútbol se pierde de grandes jugadores. Te citan a hacer media hora de futbol nada más, y capaz que el técnico estaba mirando otra cosa y el ayudante no te vio, vos la rompiste y nadie se entera”.

Por último Santiago cuenta brevemente su experiencia en el show y lo equipara a la sensación que viven los chicos que se prueban a la hora de recibir la decisión de los que los observaron: “Ese proceso de descarte es muy frustrante o de una alegría enorme. El quedaste o no quedaste, no tiene punto medio. Era muy terrible esperar ese veredicto final. Dependes de una pelota, una falta, un gol. Cada vez que pasás, o no, en algún punto te jugás el futuro. No se hace nada fácil. Por suerte, en mi caso, salió bien y me sirvió, me abrió las puertas para jugar al futbol”. Quizás esa llamada nunca llegué, esos treinta minutos hayan sido tan cortos como injustos, la mirada observadora de no se quién sea corrupta, forra y egoísta. Sin embargo, los sueños seguirán y, contra eso, no hay sistema que resista. La estructura tambalea y es ahí donde las historias triunfan.

Fuente:
NOS DIGITAL
Junio de 2011
http://www.nosdigital.com.ar/2011/06/cuando-el-futbol-te-pone-a-prueba/

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Bielsa detrás de la máscara

Detrás del hombre del gesto helado se esconde una persona con gran capacidad para emocionarse. Por eso la máscara. A continuación se transcriben algunos de los pasajes más salientes de una charla que hace un par de años, cuando ya era el técnico del seleccionado, le brindó a chicos de entre 13 y 17 años del Colegio Sagrado Corazón, de Rosario, donde él cursó el secundario. La condición fue que no hubiese prensa. No la hubo. Pero la transcripción completa de sus dichos se conoció. Y se archivaron. ¿Por qué ahora, entonces? Porque en varias ocasiones hace referencia a las caras de una derrota, al manejo del fracaso, a cómo convivir con una frustración. Y sus reflexiones ofrecen la solidez de la educación, la virtud del sentido común, del valor del ejemplo. Justo en los días que nos toca vivir, cuando el morbo anima la tendencia de alentar a alguien a que suba bien alto para después dejarlo caer. Y luego devorarse sus pedazos.

"Los momentos de mi vida en los que yo he crecido tienen que ver con los fracasos; los momentos de mi vida en los que yo he empeorado, tienen que ver con el éxito. El éxito es deformante, relaja, engaña, nos vuelve peor, nos ayuda a enamorarnos excesivamente de nosotros mismos; el fracaso es todo lo contrario, es formativo, nos vuelve sólidos, nos acerca a las convicciones, nos vuelve coherentes. Si bien competimos para ganar, y trabajo de lo que trabajo porque quiero ganar cuanto compito, si no distinguiera qué es lo realmente formativo y qué es secundario, me estaría equivocando."

"Uno vive y necesariamente necesita jerarquizar virtudes, decir éstas son las virtudes que rescato en los demás y quisiera para mí, que respeto, que valoro. A mí el deporte me dio ese parámetro, yo aprendí por el deporte que la generosidad era mejor que la indiferencia, aprendí el valor de la significación del coraje, aprendí la importancia del esfuerzo y aprendí lo trascendente de la rebeldía. Son los tres o cuatro elementos con que yo después traté de orientar mi vida. No necesariamente tienen que ser ellas las elegidas, pero sí es indispensable que uno sepa cuáles son las virtudes alrededor de las cuáles quiere vivir."


"Estoy absolutamente convencido de que la fama y el dinero son valores intrascendentes. Pasa que claro, nos los describen con un peso tan significativo que parecería imposible resistirse a valorarlos. Creo que el espíritu amateur, el amor hacia la tarea, es lo único que vuelve satisfactorio el tránsito por el trabajo; cuando observo de qué manera son descriptos hacia el público las celebridades, los ídolos, lamento muchísimo que se jerarquicen esos tipos de cosas, que se los describan millonarios, que se los describan famosos, que se los describan extraídos de la realidad social, fuera del contacto con la gente común. Sí estoy convencido de una cosa: fui feliz cuando disfruté del amateurismo, fui feliz cuando crecí enamorado de mi trabajo, yo tengo un profundo amor por el fútbol, por el juego, por la esquina, por el baldío, por el picado, por la pelota. Y desprecio todo lo añadido, todo lo que le fueron agregando para convertirlo extrañamente en deseado. Para explicar un poquito mejor esto, sé que la alegría de un triunfo en un partido dura cinco minutos, termina el partido y hay una sensación de efervescencia, una sensación de la adrenalina al tope que genera excitación y felicidad. Pero son apenas cinco minutos y después hay un vacío enorme y grandísimo. Y una soledad indescriptible."


"Quiero insistir con que mucho mejor es ser prestigioso que popular, que mucho más importante es el recorrido con el que uno llega a un lugar que el éxito o no que se obtenga en la búsqueda, que los hechos son mucho más significativos que las palabras, que demostrar es mucho más importante que hablar, que hay que permitir que ingrese la información que riega nuestra parte noble y evitar que ingrese la información que estimula nuestros bajos instintos."


"Nunca me dejé tentar por los elogios. Los elogios en el fútbol son de una hipocresía absoluta. El fútbol está concebido así, tiene que haber o una gran alegría o una gran tristeza. Derrota o victoria, sangre o aplauso son valores muy caros al ser humano. Entonces, en el fracaso sufro mucho la injusticia del trato, no logré nunca dominar eso. Siempre sufro mucho cuando perdemos y cuando soy maltratado, pero sí logré no creerme la duración del éxito. Como no se revisa por qué ganaste, da lo mismo, te adulan por haber ganado no porque mereciste ganar, por el recurso por el que ganaste, entonces tuve claro siempre que esa franela, porque ése es el término, es impostora."


"No permitan que el fracaso les deteriore la autoestima. Cuando ganás, el mensaje de admiración es tan confuso, te estimula tanto el amor hacia uno mismo y eso deforma tanto. Y cuando perdés sucede todo lo contrario, hay una tendencia morbosa a desprestigiarte, a ofenderte, sólo porque perdiste, sólo porque perdiste. En cualquier tarea se puede ganar o perder, lo importante es la nobleza de los recursos utilizados, eso sí es lo importante; lo importante es el tránsito, la dignidad con que recorrí el camino en la búsqueda del objetivo. Lo otro es cuento para vendernos una realidad que no es tal."


Por Cristian Grosso para el Diario La Nación


La siguiente nota fue escrita el 14 de junio de 2002, luego de eliminación de Argentina en primera ronda del Mundial. En la primera parte de la nota, el periodista comienza comentando que "costó mucho tomar la decisión de publicar esta nota. Tal vez parezca una traición, pero lejos está de serlo. Esencialmente responde a entender mejor a Marcelo Alberto Bielsa a través de frases que fielmente responden a su manual de vida. Y no es caprichoso que sea ahora, claro. Justo después de la derrota. La peor derrota. Cuando la eliminación de la Argentina lo colocó en el centro de las miradas..."

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